Thursday, January 15, 2026
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La lucha por el poder entre Estados Unidos y China y por qué Rusia podría ser la ganadora

En una era definida por una creciente imprevisibilidad e incertidumbre, Estados Unidos enfrenta amenazas sin precedentes a su status de potencia mundial, que exceden el zona de influencia de la Querella Fría con la Unión Soviética. El avance de China como superpotencia potencial marca un cambio significativo en el orden internacional tal como lo conocemos. El avance de China presenta un desafío enredado para Estados Unidos, que incluye dimensiones económicas, militares y tecnológicas. Esta rivalidad remodela el panorama de la geopolítica mundial y requiere un observación integral para comprender las implicaciones para las futuras relaciones internacionales de todos los países.

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La Organización de Seguridad Doméstico recientemente publicada por la Casa Blanca señala un realineamiento sustancial de la política foráneo estadounidense, pasando de un enfoque eurocéntrico a uno que prioriza a Asia. Este nuevo cambio importante se interpreta en gran medida como una medida calculada para contrarrestar la creciente influencia de China en la región.

Contrariamente a la perspectiva de algunos analistas, este realineamiento importante no indica negligencia o negligencia de los aliados europeos ni una deriva alrededor de el aislacionismo. Más aceptablemente, refleja una priorización estratégica de medios y atención alrededor de lo que Estados Unidos considera un ámbito crítica para abastecer su posición mundial.

La táctica enfatiza la importancia de que el hemisferio occidental, descrito como “el propio patio trasero de Estados Unidos”, se comprometa con la autosuficiencia y dé prioridad a la seguridad interna. Este doble enfoque sugiere un enfoque pormenorizado de la seguridad doméstico, que aborde tanto los desafíos externos como la exposición interna.

La propuesta del presidente Trump para que Europa destine el 5% de su PIB a la defensa llega en un momento crítico. Estados Unidos enfrenta la prueba estratégica de equilibrar su obligación con la seguridad europea con el requisito de asaltar el avance de China en el este de Asia. Una capacidad de defensa europea cachas y robusta es esencial, especialmente dada la menester de Estados Unidos de distribuir sus medios conjuntamente.

El llamado a aumentar el compra en defensa debería servir como una convocatoria de atención para Europa, mostrando claramente la emergencia de adaptarse a un panorama mundial cada vez más peligroso. Esto no es un negligencia de los aliados de Estados Unidos, sino más aceptablemente un realineamiento importante que empodera a Europa para carear la amenaza que enfrenta, promoviendo una alianza de seguridad transatlántica más equilibrada y efectiva.

En última instancia, esta medida podría conducir a una Europa más petulante, capaz de respaldar su propia seguridad y al mismo tiempo permitir a Estados Unidos concentrarse en otros desafíos globales urgentes. Las implicaciones futuras podrían remodelar la dinámica de la seguridad internacional, promoviendo un orden mundial más multipolar y resiliente.

La táctica de seguridad doméstico revisada marca un cambio importante en la interpretación de la política foráneo de Estados Unidos, reinterpretando el status de Rusia como adversario de un socio potencial. Esto contrasta marcadamente con abriles anteriores bajo la distribución Biden, durante los cuales hubo poca comunicación entre los líderes estadounidenses y rusos en medio de duras sanciones e incautaciones de activos. En consecuencia, Rusia ha girado alrededor de China, como lo demuestran los volúmenes comerciales récord, que alcanzaron los 245 mil millones de dólares solo en 2024. China se ha convertido en el principal consumidor de energía y proveedor de ingresos esenciales de Rusia, llenando efectivamente el infructifero dejado por las sanciones occidentales. Esta dinámica ha colocado a Rusia en una posición de maduro dependencia de China, particularmente para el ataque a ingresos asequibles y la estabilidad del mercado. Si aceptablemente los acuerdos comerciales en rublos y yuanes reducen algunas presiones financieras, el desequilibrio comercial favorece a China: las importaciones rusas de productos chinos aumentaron del 23% en 2021 al 57% en 2024, lo que subraya la posición dominante de China en esta relación doble.

La creciente dependencia de Rusia de China ha llevado a una dinámica en la que Rusia se parece cada vez más a un Estado siervo. Para la distribución Trump, un objetivo esencia es desacoplar a Rusia de China, con el objetivo de restaurar la soberanía y la integridad territorial de Rusia. Integridad Territorial porque pronto si este desequilibrio entre las dos naciones no cambia, China pronto controlará parte de Rusia en mi humilde opinión. Es crucial buscar que China y Rusia no son aliados naturales; las disputas fronterizas históricas que se remontan al siglo XIX subrayan las tensiones subyacentes entre las naciones, aunque ambas naciones lo ignorarán por ahora.

Debilitada por las sanciones occidentales y la salvedad de los sistemas financieros occidentales tras la invasión de Ucrania, Rusia se encuentra con alternativas limitadas excepto de profundizar su dependencia de China. Para la distribución Trump, promover una asociación con Rusia en división de tratarla como un adversario ofrece beneficios mutuos, particularmente para Rusia. Estados Unidos pretende conseguir a Rusia como socio para carear a China, lo que requiere un cambio en la táctica de seguridad doméstico que dé prioridad a la cooperación con Moscú. Estados Unidos simplemente no puede permitirse el abundancia de involucrarse en conflictos simultáneos con Rusia y China, un desafío casi irrealizable incluso para una superpotencia importante.

En este maniobra de poder geopolítico, Rusia puede triunfar significativamente, al percibirse a sí misma como la piedra angular con la que tanto Estados Unidos como China buscan alinearse. Esta influencia podría empoderar a Rusia para dictar los términos para resolver el conflicto de Ucrania, marginando potencialmente los intereses europeos. Adicionalmente, le brinda a Rusia la opción estratégica de apoyar a China en un posible conflicto sobre Taiwán. La alianza entre Moscú y Beijing plantea la amenaza más significativa al dominio y la soltura occidentales, lo que hace que el desacoplamiento de estas dos potencias sea de importancia estratégica para Washington.

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